Mario Bencastro

***********
La odisea del cuento en Mario Bencastro

Jorge Castellón (*).
Revista Hontanar. Australia, agosto de 2010.
TRESMIL – Diario Co Latino. (No. 1194). El Salvador, abril de 2013

La elaboración literaria en América latina, tiene una dinámica que se corresponde, queramos o no, con la dinámica misma de una realidad cambiante, inesperada, llena de incongruencias, de épicas constantes, de profundidades, de hechos que van marcando un tono, un tema, y un período... “un espejo en el camino” dirá Stendhal.

Después de la literatura de los años 60 y 70 con el surgimiento y desarrollo del movimiento literario que se inicia, tal vez, con Rayuela (1963) o La región más transparente (1958) y que brilla con García Márquez; movimiento que entre otros muchos antecedentes tiene a Alejo Carpentier, Jorge Luis Borges y Juan Rulfo, y que ha de proseguir a partir de los años 80 con Isabel Allende, Laura Esquivel, Rosario Ferrer, Sergio Ramírez, hasta escritores como Laura Restrepo o Jorge Volpi, la literatura latinoamericana, no ha sido una secuencia lineal, más bien, se ha enriquecido y ha vuelto sobre sí, varias veces, tejiendo con inusitadas expresiones la tradición y la creación, “poniéndose la realidad a las espaldas” muy a despecho de sí misma.

Actualmente, la novela-cuento negro, policial y épico-testimonial, aparece como una forma recurrente de intentar decir lo que no podemos: una realidad confusa, violenta, trágica y cambiante.

Con el aparecimiento de La frontera de Cristal, de Carlos Fuentes (1996), La Multitud Errante de Laura Restrepo (2001) y Catalina y Catalina, de Sergio Ramírez (2001), probablemente se comenzaba un nuevo ciclo de una literatura que volvía sus ojos a las consecuencias de una larga serie de hechos sociales y económicos de finales de siglo, a saber: el fin de las guerras civiles, el apogeo de las economías de libre mercado y el incremento de las masivas migraciones. Es en este contexto que aparece la narrativa del salvadoreño Mario Bencastro.

Con la publicación de Disparo en la catedral (1989) y Árbol de la vida (1993), con una temática vinculada a la guerra civil salvadoreña, va a constituirse, para el autor, un nuevo espacio narrativo con la escritura de Odisea del Norte (1999), aquí, Bencastro abre una narrativa en la que se define un territorio y un lenguaje: la migración, el éxodo masivo de salvadoreños y centroamericanos hacia Estados Unidos y el mundo, donde cada personaje toma por turnos y en coro, una voz para contar, compartir y constatar su paso por la tragedia y la esperanza personal.

De ahí, vendrá no sólo un tránsito sino junto a él, un ir y venir de experiencias humanas que están hechas de un contumaz esfuerzo de re-inventar la propia vida en la distancia, de estar y no estar; de querer ser parte de un terruño que los expulsa pero del que no pueden desprenderse en la memoria y en la vida cotidiana; de amar y odiar un origen, de añorar y olvidar una cultura, un lenguaje una utopía; de trasplantar pedazos de tierra y de historia en lugares ajenos, de reencontrarse con aquello de lo que más se ha huido, en resumen, es una literatura que en mucho define eso, de lo que las gentes de ese pequeño país de Centroamérica están hechas, mejor, que en mucho define lo que hemos querido entender como salvadoreñidad, y quizás, centroamericanidad -porque no hay otro término-, porque es que siempre, es ese mismo lugar, la realidad traspasa la ficción, y hay que crear un lenguaje que inútilmente intente abarcar aquella realidad. Realidad de historias jamás contadas

Y son esas historias, las que Bencastro, cuenta, como en su más reciente obra: Paraíso portátil (marzo de 2010). Cuando creemos que todo está dicho, que ya nada nos sorprende, uno queda atrapado en historias donde el pasado y el presente, son uno solo, y el futuro siempre es una interrogante. Como en ese cuento excelente, “De Australia ...con Amor,” parte fundamental del libro, donde el autor, ha mostrado lo que es la artesanía narrativa: rueca o telar –literatura– donde se hilvana realidad-testimonio-ficción-memoria-posibilidad-anhelo-lenguaje-cultura. O en ese otro, “Las ilusiones de Juana”, donde mejor nos comprendemos...y aprendemos a amar, nuestra bella estulticia...nuestra etérea esperanza...

En el libro, de igual forma, destacan narraciones con una profunda comprensión de un pasado, de una mítica, sugiriendo una verdad terrible: hay cierta fatalidad en los destinos colectivos. Venimos marcados por un tiempo circular –yagual–, en la filosofía nahua-pipil- que milenariamente nos redime y nos condena. Y es sobre ese destino, con ese destino, que debemos aprender a vivir el presente y acaso... el futuro.

Pero hay otros que existen en estos breves espacio y tiempos circulares...y sub-existen en esta post-modernidad de lo mismo, pues el libro abre el espacio a la niñez abusada y abandonada. El niño dragón, hace partícipe a lo más vulnerable de nuestra realidad, para que nos cuenten su perenne cuento de sueños de fuego...

Y así prosiguen otras historias, donde por más diversas, ninguna nos es ajena, porque todas nos han hecho lo que -sin quererlo- somos.

Carlos Fuentes ha dicho que la novela ya no es un género, que se ha convertido en un espacio a donde llegan los géneros, por un lado; por otro, menciona que la novela es ese espacio democrático donde todos tienen la palabra. Los cuentos de Bencastro, demuestran que son aplicables esas dos características también para el cuento, donde un espacio breve, pueden conjugarse universos.

(*) Jorge Castellón. El Salvador (1967), es graduado en psicología en la Universidad de El Salvador, y se desempeña como maestro de educación primaria y español en la ciudad de Houston, Texas, Estados Unidos, donde actualmente reside. Ha publicado diferentes artículos sobre literatura, emigración e historia de su país, en revistas electrónicas (El Faro, Contrapunto y en el periódico Co-latino de El Salvador). También ha publicado poesía, narrativa, artículos y ensayos de crítica literaria en Revista Hontanar de Australia, Servicio de Información Cultural ArteNet de Estados Unidos; Revista Resonancias de Francia, Letralia de Venezuela, Amsterdansur de Holanda y Ventana Abierta de la Universidad de California en Santa Bárbara. dios para continuar sus estudios en el extranjero sino también el acceso a ideas que solidificarían su misión en la vida.