Mario Bencastro

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Del amor, la guerra y el lenguaje

Jorge Hernández Martín, Revista Américas, Washington DC, May/June 1994, EE.UU.

El escritor centroamericano, afirma el crítico y poeta Alberto Baeza Flores, siempre ha escrito contra viento y marea. A las condiciones adversas en términos sociales, culturales y económicas que confrontan al escritor con la realidad nacional, hay que añadir la situación política, marcada por largos períodos de tensión. Mayor motivo éste para celebrar la publicación de este libro en el país que originó sus historias. Árbol de la Vida trata precisamente de la cruda guerra civil que devastó a El Salvador durante los años ochenta.

Durante esta larga década el mundo contempló consternado cómo en esta tierra de catorce volcanes, que los amerindios pipil han llamado Cuzcatlán, el tejido social se deshizo en hebras color de sangre, de lava y de humo. Sin embargo, el libro de Bencastro no hace hincapié en el dolor del desgarramiento nacional, aunque éste es el trasfondo sombrío de las narraciones. El autor opta por acentuar la tenacidad y el espíritu de las gentes, al mismo tiempo que da realce a los mitos que han caracterizado a esta región como a ninguna otra.

Bencastro considera la literatura como el repositorio de valores humanos, y pone en ella su esperanza de que, en última instancia, sea la literatura la que salve a la especie del caos total.

Los diez cuentos de la colección reflejan los problemas sociales del país. La forma en que se maneja el elemento social es lo que distingue las diferentes narraciones, que se despliegan desde el sombrío realismo de El Fotógrafo de la muerte, hasta El jardín de Gucumatz, pieza suprarrealista de intenso lirismo. Esta última, junto con Los insaciables, y La diosa del río, apelan la mitología maya para teñir con efecto mágico y autóctono una realidad social. El espíritu de las cosas, afirma la extraña y maravillosa presencia de Monseñor Oscar Arnulfo Romero en las calles y mentes del pueblo salvadoreño después de su muerte, mientras que Árbol de la vida, logra por medios fantásticos dar la imagen de un pueblo enraizado en costumbres, feliz más allá de la áspera realidad de la vida y fundamento de una nacionalidad compartida.

Los cuentos de corte realista que ocupan el volumen dan notables visiones de los efectos de la violencia en las vidas de gentes que, como nos indica la patética y conmovedora Historia de payaso, no encuentran uso para la risa. Pero es en las historias que recurren a las creencias indígenas que se nos revela la visión del mundo que rige las invenciones del autor. La profunda creencia que los maya quiché expresaron en el Popol Vuh sobre las oposiciones creadoras de la vida se recoge en la colección de cuentos de Bencastro. La sostenida alusión a Gucumatz, quien aparece en una de sus encarnaciones como la serpiente Kukulkán en Los insaciables, es una clave para la comprensión de las narraciones. Este dios, creador y jefe del pueblo quiché, ejemplificó para los antepasados centroamericanos los modelos del comportamiento humano en lo que atañe a lo político, lo religioso, lo cultural y lo judicial, basado en el concepto de acción comunitaria. La reflexión, la discusión de ideas sobre los pasos a tomar, y el acuerdo con otros, son acciones que corresponden tanto a los seres humanos como a los dioses. El respeto al poder de Gucumatz hacía que la comunidad unida se acogiese a sus preceptos morales, y reinara así la armonía social.

Otra de las encarnaciones de Gucumatz es un charco de sangre, líquido vital cuya pérdida representa la muerte y el sacrificio. En esta imagen cargada se encuentra el juego de contrarios que se percibe en la médula de estos cuentos salvadoreños: de la muerte resulta la creación de una nueva vida sobre la tierra sacra. Es por medio de este componente mítico que Bencastro logra vislumbrar un esperanzado futuro para una historia nacional devastadora, y visionar la transformación de un pueblo hacia una nación fuerte y respetada por su valentía en el ámbito de los países americanos.

* Jorge Hernández Martín es profesor de Literatura en Darmouth College, New Hampshire, EEUU.