Mario Bencastro

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Mario Bencastro y la identidad salvadoreño-americana

Rafael Lara Martínez (*). Ventana Abierta. Febrero 1999. Santa Bárbara, California, EEUU.

No resulta una novedad afirmar que las tentativas revolucionarias en Centro América provocaron un amplio desplazamiento de la población. Sobre todo en las zonas de conflicto, tales como el norte y el oriente de El Salvador, la migración hacia otras zonas rurales, hacia la ciudad capital y, en fin, hacia el extranjero, alcanzó proporciones desconcertantes. No sería exagerado asegurar que uno de los móviles de la configuración cultural del Istmo, en este fin de siglo, se asienta en este torrente migracional.

Paradójicamente, la fuerza de intervención norteamericana que frenó el movimiento revolucionario, se revirtió sobre los EEUU mismos; de allá que el apoyo estratégico y militar se tradujera en éxodo poblacional hacia la metrópolis. Los Ángeles, San Francisco, Miami y la propia capital, el Distrito de Columbia, son en la actualidad verdaderos centros de población centroamericana. En esas ciudades se está forjando una nueva experiencia mestiza.

Uno de los más connotados portavoces de este nuevo mestizaje, lo constituye la última novela del escritor salvadoreño Mario Bencastro, intitulada Odisea del norte/Odyssey to the North (1997). Por primera vez, en ese texto se recopila la vivencia personal de miles de exiliados. Bencastro le ha concedido el derecho a la palabra al inmigrante salvadoreño medio, convirtiéndose en uno de los primeros escritores en acercarse a esa población, en el área de Washington D. C. Para apreciar mejor este logro, es necesario retrazar su trayectoria como pintor cubista y abstracto, primero, y como escritor realista, a partir de finales de los setenta.

Nacido en el occidente de El Salvador, en el departamento de Ahuachapán en 1949, Bencastro se inició en las artes plásticas. Desde 1963 hasta 1978, en El Salvador y luego en EEUU, participó en más de cuarenticinco exposiciones colectivas, en unas seis exposiciones individuales y se acreditó dos premios. Si bien hacia la segunda mitad de los setenta afirmaba que "el arte debía reflejar su tiempo" (Carr, 1978: 9), lo cierto es que las formas geométricas de su pintura, difícilmente hubieran podido expresar la realidad política y social que habría de vivir El Salvador, en los años por venir, ni tampoco la experiencia migratoria de una quinta parte de la población del país.

Su pintura ha sido descrita en términos de una búsqueda por "un orden cósmico" (Barnitz, 1978). Tal como el dibujo "Pirámide" nos lo sugiere, si acaso existe un vínculo entre esa experiencia temprana con un constructivismo de índole geométrico y la historia del país, este lazo deberíamos buscarlo en el pasado prehispánico. En los antiguos pobladores mayas y nahuas, podría encontrarse el sentido que orienta una pintura centrada en la disposición contrapuesta de líneas quebradas; éstas se mueven alrededor de un punto central, según una rotación inversa. Sin embargo, una idea de simetría y de balance ponderado entre fuerzas universales antagónicas, no nos remitiría a una cosmovisión, más bien mítica e impalpable, que a la historia social misma de esos pueblos? Conciliar esta mitología dualista con un acontecer histórico y político concreto sería, a mi juicio, una de las propuestas del segundo y cuarto libro del autor que analizaremos más abajo.

Lo curioso es que a pesar de haber alcanzado cierta notoriedad en el mundo de las artes plásticas, Bencastro no halla proseguido los pasos de un Diego Rivera (1886 1957). Si en el mexicano la experiencia temprana con el cubismo se volcó hacia un muralismo realista, en el salvadoreño un anhelo similar por expresar una experiencia colectiva, culmina en el abandono total de la pintura y en una creciente preocupación por las letras. Fundar un arte nacional accesible a las masas, es en ambos sinónimo de realismo, sea en la plástica o en la literatura. En Bencastro, la narrativa se vuelve la única manera de representar la vivencia histórica de la guerra.

Diez años le llevó al autor escribir su primera novela Disparo en la catedral/A Shot in the Cathedral. En 1989 resultó finalista del "Premio Literario Internacional Novedades Diana" en México. Fue publicada originalmente en ese mismo año, y traducida al inglés en 1996. El relato se concentra en lo que el escritor considera el despegue histórico o, en mis palabras, los inicios míticos de la guerra civil salvadoreña; se trata del período comprendido entre "julio 1979 a marzo 1980" (contraportada). Estos meses culminan con el asesinato de Monseñor Arnulfo Romero, a manos de los escuadrones de la muerte, y con la confirmación del apoyo logístico y militar norteamericano al ejército salvadoreño.

En el texto de la novela se entretejen tres tipos narrativos de índole bastante diferenciados, aunque al final éstos lleguen a confluir en las figuras de los héroes principales Rogelio Villaverde y su padre espiritual, Domínguez. Estos modos del relato son: el reporte o telex periodístico, de carácter netamente objetivo y testimonial; éste se encarga de anunciar hechos políticos cotidianos sobre la violencia institucionalizada; una historia de corte objetivo también, vista a través de los ojos de un narrador omnisciente y escrita en la tercera persona; así como por último, una autobiografía, la cual define la línea subjetiva del relato.

Si a primera vista la narración histórica y el reporte periodístico parecen poseer un peso específico mayor, lo cierto es que la dimensión autobiográfica define también el proyecto artístico de Bencastro. Entendemos que la novela propone un vaivén entre dos tipos narrativos o de enfoque con respecto al acontecer histórico social. Por una parte, se trata de una narración histórica y de un relato periodístico, la Historia propiamente dicha; es una narración objetivada de los hechos. La marca de dicho desprendimiento subjetivo del escritor con respecto a la Historia, se encuentra en el uso exclusivo de la tercera persona o de un impersonal, a la hora de elaborar el escrito. La Historia reporta la creciente violación de los derechos humanos, por parte del ejército, y la defensa testamentaria a la vida, por parte de la Iglesia, en particular las homilías de Monseñor Romero.

Por la otra, se trata de la creación de la imagen misma del poeta en proceso de escribir la novela que el lector tiene en sus manos. Lo que esta línea del Discurso despliega, es lo que hemos de llamar la crisis de la identidad individual del pintor "pequeño burgués" Rogelio Villaverde y del apático periodista Domínguez, héroes principales de la novela; ambos son personas poéticas del escritor y pintor Mario Bencastro. Disparo en la catedral es una novela con un texto híbrido; es a la vez Discurso e Historia, construcción del perfil subjetivo o identidad individual del artista, Bildungsroman, al igual que relato o recuento de los hechos pasados. Es una dualidad o collage narrativo; que quizás exprese algo no muy distante de la doble imagen del artista: pintor y novelista. Seguramente, el despertar de la conciencia personal de ambos personajes expresa la conversión del propio Bencastro; el pintor de formas geométricas y fuerzas cósmicas abstractas se ve en necesidad de narrar la historia.

Su segunda obra se intitula Arbol de la vida: Historias de la guerra civil. Fue publicada en El Salvador en 1989 y en los EEUU en 1997, en inglés y en español. La segunda edición añade dos cuentos a los diez originales: "Los rostros de Xipotec" y "Había una vez un río". En esos cuentos se relatan torturas ("El fotógrafo de la muerte" y "Los rostros de Xipotec"), violaciones, abuso y acoso sexual ("Las aflicciones de Laura", "El informe" y "El jardín de Gucumatz"), asesinato de Monseñor Arnulfo Romero ("El espíritu de las cosas"), masacre de poblaciones enteras ("Arbol de la vida" y "Había una vez un río"), en una palabra, una lucha perenne entre "dos bandos: los que tratan de exterminar la rebeldía, y los que están decididos a no morir". Un obstinado desdoblamiento hace que el libro desglose un continuo enfrentamiento entre victimarios y víctimas. De inmediato, una simple lectura literal de los relatos nos haría creer que la narrativa de Bencastro se ofrece como sitio de denuncia de las atrocidades cometidas, únicamente, por el ejército salvadoreño durante la guerra civil. En verdad, este nivel de acusación existe; pero no agota la complejidad de la cuentística del autor. A este respecto, el sexto cuento, que sirve de título a la obra, nos aclara una intencionalidad poética que se emparienta con el mito. Un subtexto de carácter mítico viene sino a contradecir, al menos a mitigar y volver la acusación menos tajante.

En efecto, "Arbol de la vida" no narra sólo la masacre de un pueblo a manos del ejército, similar a la que Bencastro referirá en 1997 bajo el título de "Había una vez un río". Como preámbulo a la matanza, el cuento relata un triángulo amoroso. Un pleito entre dos hermanos enemigos el ejército y la guerrilla? por el hecho de amar a la misma mujer (la patria?), provoca tanto la muerte de Hermógenes, desdoblamiento de un mítico Abel Quetzalcoatl, al igual que la de mujer, Matilde.

Hermógenes aprovecha la ausencia de su gemelo, Casiano, para seducir a Matilde. Al darse cuenta de la traición Casiano asesina a Hermógenes; Matilde huye despavorida y acaba fulminada por un rayo, como si fuese una de las elegidas del Dios de la lluvia, Tlaloc. Los cuerpos de ambos son sepultados bajo un árbol. Este árbol será el centro de Pueblo Rojo y años después recogerá también en sus raíces los cuerpos torturados de las víctimas del conflicto armado. La vegetación salvadoreña se vuelve la traza, aquello que perdura, de una constante violación a los derechos humanos. El humus del paisaje tropical proviene de la descomposición de cuerpos difuntos mutilados.

Gracias a esta transformación hermano, amante y pueblo han "revivido" en el árbol. Casiano disipa "todo rastro de odio". Si juzgamos que la materia vegetal no representa otra cosa que el papel sobre el cual se asienta la escritura, la narrativa de Bencastro parece inculcarnos un acto de contrición similar al de Casiano. Hay que reconocer en el árbol y en la letra la hermandad de los opuestos.

"La resurrección de la paz" en lo político se traduce, a nivel de lo literario, en el momento en que el arte simbolizado por el árbol de la vida llega a ser el eje central que resume el quehacer de los humanos. El arte como inscripción de la memoria debe convertirse en el centro de la actividad política y social. Esta utopía "romántica" que reconoce en el arte el eje universal alrededor del cual gira la totalidad de la vida social, encuentra en la tercera obra, hasta ahora inédita, El vuelo de la alondra (1994), su mayor expresión. Lo que en Arbol de la vida fuera alegoría a través de la posición central del árbol en la plaza de un pueblo, en la segunda novela de Bencastro se convierte en principio generador de la escritura del texto. En efecto, todos los personajes de El vuelo de la alondra son desprendimientos de la obra plástica de un famoso pintor. El movimiento narrativo de la novela consiste en la toma de conciencia, por parte de "el marchante", quien trabaja en una galería, de ser una emanación de la obra misma que él está instalando para una exposición de pintura la cual se inagura en tres días. La novela concluye de la manera siguiente:

Entonces tuvo la plena convicción de que pertenecía a otro mundo [...] el cual, como el que dejaba, había sido creado por un artista.

Si el arte es huella y memoria, es lo que crea las únicas imágenes que perduran, más allá de un período de devastación social, tal cual fue la guerra civil salvadoreña, entonces cualquier idea que en un futuro podamos forjarnos de esa turbulenta confrontación deberá poseer en la escritura o en la pintura su primer referente. Ya se trate del arzobispo, intermediario de un diálogo entre quienes se disputan "la patria", una "mujer desnuda", "la burguesía", "el poder", "la iglesia", "la rebelión", o bien la silenciosa "esperanza", todas esas figuras pertenecen a un cuadro. Antes de ser realidades tangibles son representaciones artísticas, en la materia plástica o en el escrito. En Bencastro, pintura y literatura operan como mediación ineludible entre el ser humano y la historia.

Su última novela acaba de ser publicada en los EEUU, en español y en inglés. Los méritos de esta obra podemos sintetizarlos de la manera siguiente: placer de la lectura, entrecruzamiento de múltiples registros idiomáticos y de temporalidades distintas, así como recolección (Logos) de la experiencia vivida por miles de emigrantes centro y latinoamericanos, en su viaje clandestino hacia los EEUU.

Su estilo sencillo y afable convida a la lectura. Obviamente, el libro ha sido escrito con un lector específico en mente. Se trata de la población salvadoreña, centro y latinoamericana en general, que ha vivido una experiencia de éxodo hacia el Norte. Bencastro intenta suscitar la lectura entre una población que, debido a su precaria vida legal y económica, no tiene acceso a la literatura. Ante todo, el novelista anhela captar también la atención de una segunda generación salvadoreño(latino) americana que no ha sufrido en carne propia la vivencia migratoria. Por ello, la narración exige que el estilo sea llano, literal y despojado de todo recurso retórico que caracteriza a la literatura, en el sentido estrecho de la palabra. El éxito literario de Bencastro se medirá por la aceptación que su novela obtenga entre la población lectora hacia la cual se dirige, a saber: específicamente, la población latina inmigrante de Washington D. C., Los Ángeles y otras ciudades similares.

A esta exigencia de una sencillez en el idioma, se contrapone la cantidad de discursos y las distintas temporalidades que se entretejen en el texto de la novela. Los registros abarcan desde la simple conversación diaria, las cartas de amor, los recortes periodísticas, hasta el discurso jurídico legal. Estos diferentes niveles de la lengua no sólo cotejan una versión oficial de los hechos frente a otra que restituye la visión de los testigos oculares, tal como en el caso del levantamiento en Mount Pleasant en 1992; a la vez, la jerarquía idiomática da cuenta de una disparidad social entre emigrante rural analfabeta e institución jurídica. El juicio de Teresa, una campesina de oriente, saca a relucir que más allá de dos lenguas, inglés y español, se trata también de una distinción social de registros: legal, escrito y formal, el uno; vernáculo, oral e informal, el otro. Este mismo conflicto entre valores urbanos y rurales explica la diferencia entre medicina y curanderismo, en el seno mismo de la capital metropolitana.

En cuanto a las temporalidades que se entrecruzan, la novela relata el viaje del héroe principal, Calixto y un grupo de indocumentados, hacia la capital estadounidense, así como su experiencia cotidiana y laboral en esa ciudad, desde la cocina de un restaurante. Con esta historia de vida se entrecruzan referencias a los mencionados juicio de Teresa y levantamiento en Mount Pleasant, a una historia de amor entre un combatiente guerrillero y una inmigrante en Los Ángeles, al igual que a una serie de recortes periodísticos. Estos nos informan sobre la suerte que hubo de correr un buen número de indocumentados y de la gigantesca proporción que cobró el éxodo.

El sistema cultural y político de una región, el cual se mantiene gracias a la migración forzada que le impone a más de un veinte por ciento de su población, se decide en la vida del emigrante. Sintomático de la posición del autor, es que todos los casos que documenta se acuerdan en declararse entre dos fuegos. En este sentido, no toma una posición partidista entre dos fuerzas políticas antagónicas; en cambio, lo que sí declara es una defensa radical por los derechos políticos, legales, educativos y sociales de todos los inmigrantes. En la actualidad, Bencastro es uno de sus más fieles portavoces.

Por último, al recopilar la experiencia vivida de un amplio contingente de la población latinoamericana expatriada, el novelista le otorga a esta vivencia un sólido fundamento literario, convirtiéndola en pueblo histórico. Tal como el título nos lo sugiere, la novela es una epopeya. Es un homenaje y exaltación del inmigrante, quien alza su figura y se reviste de un carácter heroico. Y, en consecuencia, el personaje principal, es un nuevo Ulises. Si al inicio en D. C., la muerte de su compañero de trabajo debemos entenderla como ritual de consagración de la primavera, el arribo final de Calixto a la capital significa un regreso a Itaca. Empero, como bien lo declara el héroe épico al concluir el texto: "mi gente [...] y mi tierra los tengo tan cerca de mi corazón". En él, el retorno significa comprender que nuestro terruño se arraiga en la fidelidad al recuerdo y en una identidad subjetiva. En este fin de siglo, origen y destino de Ulises se juegan en la intimidad de nuestro propio espíritu y en la comunión con los otros.

Bibliografía:

Barnitz, Jacqueline. "Mario Bencastro. "The Pyramid and Other Line Formations"". New York: Kromex LTD. Art Gallery, 1978: 3.

Bencastro. Mario. Disparo en la catedral. México: Editorial Diana, 1989. Traducción inglesa: Houston: Arte Público Press, 1996. ---Arbol de la vida. Historias de la guerra civil. San Salvador: Editorial Clásicos Roxsil, 1993. Segunda edición: Houston: Arte Público Press, 1997. Traducción inglesa: Houston: Arte Público Press, 1997. El vuelo de la alondra. Inédito, 1994. Odisea del norte (novela). Houston: Arte Público Press, 1999.

Carr, Deborah. "Bencastro: 'Art is a game but a very serious game'". The Arlington Tribune, June 15, 1978: 9 y 12.

Constable, Pamela. "Salvadoran Sagas. Area Writer's Works Describe Painful Realities of His Native Land". The Washington Post, January 7, 1999: 1 y 3.

* Rafael Lara Martínez es profesor de Literatura en la Universidad New Mexico Tech, EEUU.